lunes, 5 de mayo de 2014

Mesa dulce Comunión en rosa

Un día para celebrar...

Esta semana he llevado a cabo un encargo que me pidieron hace meses. Cuando me lo hicieron pensé que quedaba mucho tiempo, sin embargo, antes de darme cuenta, tenía encima el día de entrega. El encargo en cuestión se trataba de una tarta y 50 galletas para una Comunión (más adelante se le unieron 20 cake pops de gatitos). Es la primera vez que he realizado un encargo tan grande y con una temática tan específica. Y a pesar de algún que otro contratiempo (la semana no empezó muy bien) todo ha salido bastante bien.

Lo tenía todo preparado desde hace semanas, desde el diseño de la tarta hasta los plazos en los que debía trabajar para llegar a tiempo. Pero el lunes, cuando me disponía a empezar, me puse enferma. Así que ¡un día de retraso! Por suerte, tuve ayuda de mi madre porque, de no ser así, habría acumulado muchos días de sueño para poder cumplir con el pedido.

Pero tranquil@s que ya no me enrollo más y empiezo a enseñaros fotos. Para comenzar os quiero mostrar el pedido en su conjunto.


Dado que lo primero que elaboré fueron las galletas, he decidido empezar a comentarlas en primer lugar, así que aquí va una foto de las Galletas de niña de Primera Comunión fuera de sus bolsas.



Tienen una cara tan mona... La verdad es que tengo que dar las gracias a mi madre porque me ayudó mucho con las galletas. He utilizado una técnica en la que no hace falta perfilarlas con glasa real densa, por lo que se ahorra bastante tiempo (además el resultado es más bonito y delicado). ¿Adivináis el sabor de las galletas? Pues sí, jengibre. Fue elección de la madre. No sé si se las habrán comido, porque eran el recordatorio de la Comunión, pero sólo espero que les hayan gustado.

De los cake pops no voy a subir foto, dado que ya hay una entrada en el blog dedicada a los cake pops gatitos. Sin embargo, si os fijáis en la foto del conjunto podréis observar que varios de los gatitos son rosas, y es que Marta (la niña que hacía la Primera Comunión) quería que algunos de los cake pops fuesen de ese color. Y no soy yo nadie para contradecir sus deseos 😉

Y por último, voy a terminar con la Tarta de comunión en rosa.


La tarta iba a ser blanca, pero Marta, al igual que con los gatitos, también quería que tuviese algo en rosa, así que decidí darle un tono rosado muy suave a la pasta de azúcar que cubre el bizcocho. Y el bizcocho, para ir a juego, era de sabor a chicle (así como la crema de mantequilla). Todo muy rosa... Pero faltaría a la verdad si no admitiese que, con la tarta, también tuve ayuda de mi madre. Ella cortó las flores para que yo después las montara. Todo un trabajo en equipo.

El vestido de la niña está basado en el que Marta llevó el día de su Comunión (la madre me facilitó una foto del modelo).


No fue fácil, pero me pareció buena idea que la muñeca que coronaba la tarta llevara un vestido lo más parecido al de la homenajeada. Y la paloma fue un detalle para darle un toque diferente a esta tarta de comunión. Aunque lo mejor ha sido el pelo... No es que tenga nada particular, sino que por fin he podido utilizar la pistola de sugarcraft que me han regalado. Y os puedo asegurar que ha sido un gran regalo. ¡Lo hace todo tan fácil! Creo que me voy a aficionar mucho a ella.

Ha sido una semana muy estresante, pero he aprendido bastante y creo que volvería a repetirla, porque la satisfacción de acabar un trabajo que ha costado mucho esfuerzo es irreemplazable. Como irreemplazable es la voz del cantante que he escogido para acompañar a este conjunto. Llevo siguiendo a Ismael Serrano desde hace bastante años, y nunca me canso de escuchar su característica voz. La canción en cuestión se titula Si se calle el ruido y, tanto la melodía como la letra, son inspiradoras.  

Si se callase el ruido, oirías la lluvia caer...

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